Hasta hace no tanto, la función principal de la escuela era simplemente enseñar conocimientos: matemáticas, lengua, historia, idiomas… La educación emocional es ahora una materia más, presente en colegios de todo el mundo y que busca desarrollar habilidades que van más allá de los contenidos tradicionales.
¿Qué es la educación emocional?
Ha surgido una pregunta que cada vez más docentes, familias y especialistas se plantean: ¿es posible aprender bien si no sabemos gestionar lo que sentimos?
La educación emocional es un conjunto de estrategias y aprendizajes orientados a ayudar a niños y adolescentes a comprender y expresar sus emociones de forma sana.
El objetivo es que los niños y niñas desarrollen aspectos como:
- Reconocer las propias emociones
- Comprender cómo influyen en el comportamiento
- Gestionar la frustración
- Resolver conflictos
- Desarrollar empatía
- Mejorar la comunicación con otras personas
- Aprender a tomar decisiones conscientemente
Es decir, enseñar habilidades que forman parte de la vida diaria pero que, hasta ahora, se consideraban una cuestión privada relacionada con la familia o la personalidad del alumno/a.
¿Por qué las emociones han entrado en las aulas?
Que las emociones influyen en el aprendizaje no es nada nuevo, pero durante mucho tiempo se habían excluido de la educación, la cual se centraba únicamente en la transmisión de conocimientos académicos, dejando en segundo plano otros aspectos relacionados con el bienestar emocional.
Hoy sabemos que las emociones y el aprendizaje están muy relacionados:
- Un niño o niña que experimenta ansiedad, estrés, miedo o problemas de convivencia, puede encontrar muchas dificultades para concentrarse, memorizar o participar en clase.
- Otro niño o niña que goza de una sensación de seguridad, pertenencia y bienestar emocional, desarrolla el aprendizaje en mejores condiciones.
Por eso muchas escuelas han decidido incorporar la educación emocional en sus programas.
Lo que ocurre en el cerebro cuando aprendemos
Las emociones forman parte del aprendizaje.
Diversas investigaciones han mostrado que procesos relacionados con la atención o la memoria están influenciados por nuestro estado emocional. Por ejemplo:
- El estrés intenso dificulta la concentración
- La ansiedad puede afectar a la memoria
- La motivación favorece el aprendizaje
- La curiosidad aumenta la capacidad de tener información
Esto significa que aprender no depende solo de la inteligencia o el tiempo de estudio.
¿Cómo se trabaja la educación emocional en el aula?
Aunque cada escuela tiene su método, lo normal es incorporarla a través de actividades adaptadas a la edad del alumnado.
En los primeros años se pueden hacer ejercicios para:
- Identificar emociones básicas
- Expresar sentimientos con palabras
- Reconocer emociones en otras personas
- Aprender estrategias para gestionar el enfado y la frustración
En etapas posteriores se pueden introducir aspectos relacionados con:
- Solución de conflictos
- Trabajo en equipo
- Comunicación interpersonal
- Gestión del estrés
- Autoconocimiento
La importancia de aprender a gestionar la frustración
Una de las partes más importantes de la educación emocional infantil es la capacidad para afrontar la frustración.
La vida cotidiana está llena de situaciones que no salen como esperamos: exámenes que no salen bien, conflictos entre amigos, perder un partido… Aprender a tolerar esas experiencias es parte del desarrollo personal.
Por eso muchos programas educativos intentan ayudar al alumnado a comprender que equivocarse o experimentar emociones desagradables no es un fracaso, sino una experiencia normal de la vida.
La empatía y las relaciones sociales
La escuela es uno de los principales espacios de socialización de la infancia y la adolescencia.
Cada día, el alumnado aprende a convivir con personas diferentes, a colaborar, negociar, resolver desacuerdos, construir relaciones… La educación emocional refuerza estas capacidades.
Y es que saber lidiar con esos momentos es fundamental para la convivencia tanto dentro de la escuela como fuera de ella.
¿Puede la educación emocional mejorar el rendimiento académico?
No podemos decir que trabajar las emociones haga que los niños y niñas saquen mejores notas automáticamente, pero sí que ciertas habilidades emocionales facilitan el aprendizaje.
Entre ellas:
- Mayor capacidad de concentración
- Mejor adaptación a situaciones difíciles
- Relaciones más positivas en el aula
- Menores niveles de conflicto
- Mayor motivación académica
Por lo tanto, el objetivo de una gestión emocional adecuada no es aumentar las calificaciones, aunque pueda contribuir a ello.
La creciente presencia de la educación emocional refleja una transformación en la forma de entender la enseñanza. Y cada vez más centros consideran que educar no consiste solo en transmitir conocimientos, sino también en ayudar a desarrollar habilidades personales y sociales que les permitan aprender, convivir y afrontar los desafíos de su etapa educativa .
