Durante gran parte del siglo XX, la psicología infantil avanzó gracias a experimentos psicológicos con niños que serían imposibles de realizar hoy en día.
Muchas respuestas a grandes preguntas se obtuvieron mediante investigaciones que actualmente vulnerarían los principios básicos de la ética científica. Paradójicamente, algunos de esos experimentos siguen estudiándose porque marcaron un hito en la psicología del desarrollo.
Experimentos psicológicos con niños: el pequeño Albert y el aprendizaje del miedo
Uno de los estudios más conocidos es el del pequeño Albert, que se llevó a cabo en 1920 por el psicólogo John B. Watson y su colaboradora Rosalie Rayner.
Albert, un bebé de nueve meses, no mostraba temor a una rata blanca así que, cada vez que el niño se acercaba al animal, los investigadores hacían sonar un fuerte ruido metálico detrás de él. Tras repetir esto varias veces, Albert lloraba solo con ver la rata, sin escuchar el ruido.
Lo más llamativo fue que el miedo se extendió a objetos con aspecto similar como un conejo blanco, un perro o un abrigo de piel.
Este experimento mostró que:
- Algunos miedos pueden aprenderse (adquirirse por condicionamiento)
- Una respuesta emocional puede generalizarse a estímulos parecidos
- El entorno influye en el desarrollo de ciertas conductas
Este experimento no solo le provocó miedo un bebé, sino que nunca se intentó eliminar esa respuesta antes de finalizar el estudio.
El experimento del “acantilado visual”: cómo los bebés perciben el peligro
En los años sesenta, Eleanor Gibson y Richard Walk diseñaron uno de los experimentos psicológicos con niños más famosos.
Construyeron una plataforma cubierta por un cristal. Debajo de una mitad colocaron un tablero con dibujos pegados al cristal; bajo la otra, situaron el mismo tablero varios centímetros más abajo simulando un precipicio. Los bebés podían desplazarse por el cristal y muchos no querían cruzar la zona que parecía tener profundidad.
¿Qué aprendieron los investigadores?
- Los bebés desarrollan muy pronto la percepción de profundidad
- La visión desempeña un papel muy importante en la exploración del entorno
- El miedo a las alturas no aparece solo por aprendizaje
“La cara inexpresiva” y el bebé que no se siente escuchado
En 1975, el psicólogo Edward Tronick realizó un experimento breve pero revelador:
- Primero, una madre jugaba con su bebé de manera normal: hablaba, sonreía, respondía a sus gestos.
- De repente, mantenía el rostro inexpresivo y dejaba de reaccionar durante unos minutos.
- Los bebés intentaban recuperar la interacción sonriendo, señalando o emitiendo sonidos.
- Cuando comprobaban que no recibían respuesta, aparecían la frustración, el llanto o el estrés.
Este estudio mostró hasta qué punto los bebés necesitan una interacción constante con sus cuidadores para desarrollar correctamente sus habilidades sociales y emocionales.
El experimento del malvavisco: ¿podemos aprender a esperar?
En los años 70, el psicólogo Walter Mischel hizo una investigación que sigue siendo muy famosa actualmente.
A varios niños se les daba a elegir entre:
- Comer un malvavisco en ese momento
- Esperar unos minutos y recibir dos
El objetivo era estudiar la capacidad de retrasar una recompensa, es decir, el autocontrol.
Se observó que simplemente había niños que elegían la primera opción y otros la segunda. Pero, años después, el seguimiento de los participantes sugirió que quienes habían esperado tendían a obtener mejores resultados académicos y mayor capacidad para planificar o controlar los impulsos.
Sin embargo, investigaciones posteriores añadieron ciertos matices. Vieron que la decisión de esperar no dependía solo de la voluntad, sino también del entorno familiar, la confianza que los niños tenían en los adultos o el contexto socioeconómico en el que crecían.
Lo que estos estudios cambiaron y nos enseñaron
Muchos de estos experimentos psicológicos con niños ayudaron a comprender aspectos fundamentales del desarrollo infantil, pero también dejaron otra lección igual de importante. La investigación científica no solo debe producir conocimiento, sino que también debe proteger a quienes participan en ella.
Hoy sería imposible repetir muchos de estos experimentos. Cualquier investigación con menores debe:
- Superar estrictos comités de ética antes de comenzar
- Contar con el consentimiento de los responsables legales
- Demostrar que el conocimiento obtenido justifica plenamente la investigación
Gracias a estas normas, la psicología sigue avanzando sin repetir los errores del pasado. Porque algunos de los experimentos más famosos de la historia cambiaron para siempre lo que sabemos sobre la infancia, pero también cambiaron la forma en que la ciencia entiende cuáles son los límites que nunca debe volver a cruzar.
